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¿Es posible tener un negocio rentable y alineado con mi propósito de vida?

CAUSA-EFECTO EMPRESARIAL

Emprender es la oportunidad de tener un negocio con sentido para ti. Una oportunidad para hacer aquello que te gusta y en lo que eres bueno. Es una oportunidad para ser libre en horarios y en decisiones. Eres libre para hacer realidad tus sueños más ambiciosos. 

Y también es la oportunidad para ver tu capacidad de generar dinero para mantener tu propio negocio y tu vida.

Ambas son dos cosas muy distintas.

Vamos a hablar de la parte de tu negocio, qué influye en cada decisión que tomas. Cuando nace un proyecto y sobre todo, para que tus decisiones te impulsen antes a tener éxito, debes tener en cuenta estas 4 perspectivas, porque todo es una causa-efecto.  

 

1- Finanzas: En el mejor de los casos, ¿cuánto puedes ganar con tu idea? Haz números previos. El fin último de una empresa son los beneficios. Si no facturas, lo que tienes es un “hobbie”.  Sin estos cálculos (se llama contabilidad analítica) he visto emprendedores con muchos de trabajo, con clientes y con los beneficios justo que paga su vida.

 

2- Clientes: Si quieres hacer un mundo es vital que cada día el centro de tu negocio sea tu cliente. Piensa en él, en qué ofrecerle para que mejores su vida. Tú quieres que te compre (los huevos de oro) y para ello tienes que cuidarlo (la gallina). 

 

3- Procesos: Para todo lo que vas a hacer, ya hay sistemas creados, desde la tipología de los gastos y los ingresos hasta la legislación a la hora de hacer equipo. Además, dentro de la gestión de tu día a día, también encontrar la forma de ser más productivo. ¡Por favor, gestiona bien tu tiempo! No es el que más horas dedica, es el que más productivo es.

 

4- Capacidad: Tus conocimientos, habilidades y actitud para dirigir un proyecto. 

Emprender no es sólo un “quiero hacerlo” es un viaje donde día a día te retas contigo mismo. Cada día aprendes cosas nuevas, cada día tomas cientos de decisiones, y ser “líder” de un proyecto implica ver las decisiones que hay que tomar, el no verlas, pasarlas por alto, es pasar a la inacción y la irresponsabilidad. 

 

En mis proyectos, siempre añado un factor más más, y no menos importante: 

 

TÚ, tus deseos, tus sueños, tu propósito de vida. 

 

 

ANCLAJE EMOCIONAL

 

El deseo de emprender cubre una necesidad en ti, y es importante encontrar cuál es para que así puedas enfocar tu proyecto de manera correcta. 

 

Puede ser que quieras más tiempo para estar con tus hijos. Puede ser que quieras el reconocimiento de tus padres o de tu entorno. Puede ser que quieras dejar a tus hijos una empresa para que no tengan que preocuparse (aunque puede que tus hijos no la quieran). Puede ser que quieras que tus padres cuando sean mayores puedan contar contigo. Puede ser que quieras viajar por el mundo. Puede ser que quieras tener tu propia familia … lo que tú quieras. 

 

Emprender es hacer una ecuación con todas estas variable para que el resultado sea exitoso. Tanto en satisfacción personal, como en satisfacción económica. 

 

Cuando hay un cambio de dejar una empresa cuando estás en la situación de “no puedo más”, es el momento de ponerme por mi cuenta. Puede, que tras un tiempo recorrido, varios miles de € invertidos en formación y en tu proyecto, te das cuenta que sigues en el punto desde el que partiste, sin ingresos o con un nivel de supervivencia, sin vida y con el dinero justo. 

 

¡Con mucho aprendido, cierto, pero un aprendizaje que puede arruinar tu vida!. 

 

¿Qué hacer para comenzar un proyecto rentable y que de sentido a tu vida?

 

El punto clave de este proceso es deshacerte del “ego”, ese que te impide pedir ayuda y que te dice que tú ya lo sabes todo. Ese que te dice que te has equivocado por culpa de los demás, mala suerte, ese que te dice que tú estás haciendo lo correcto. 

 

Quítalo y permítete “escuchar” a otros y así ampliar tu información. Ten la buena costumbre de preguntarte ¿qué opciones tengo ahora?, y después podrás elegir. 

 

El ego es el segundo mayor enemigo de cada uno de nosotros, el primero es la ignorancia, y la ignorancia es muy peligrosa porque sólo sabemos hasta lo que llega a nuestra mente, basado en nuestra formación y limitada experiencia (unos pocos años). No sabemos todo lo que hay que tener en cuenta. 

 

Recuerda que “ninguno de nosotros es tan listo como todos nosotros juntos”, pero de esto, hablaremos otro día. 

 

Te voy a dejar un pequeño ejercicio que te sirva de reflexión para tomar una decisión en tu proyecto, un ejercicio que sirve evidentemente para pequeñas decisiones: 

 

1- ¿Qué tengo que decidir?

2- ¿Qué quiero conseguir?

3- ¿Qué opciones tengo de actuar?

4- ¿Quién me puede ayudar a ver lo que yo no veo?

5- ¿Qué energía quiero poner en la acción?

6-  Decido hacer….

 

Vamos a verlo con un ejemplo: 

  • Recibes un email de un potencial cliente que te solicita información, aunque con un tono muy seco. 

 

1- ¿Qué tengo que decidir?  Qué responder al email.

2- ¿Qué quiero conseguir? Que sea un cliente, que compre mis servicios. 

3- ¿Qué opciones tengo de actuar? No contestar / Contestar - y varias opciones.

4- ¿Quién me puede ayudar a ver lo que yo no veo?

  • Si tienes un mentor o departamento comercial, es el momento de preguntarles como responder a este tipo de emails. 

5- ¿Qué energía quiero poner en la acción?

  • Motivación e ilusión. Profesionalidad y atención cercana. 

6- Mi decisión es: 

Rescatar mis plantillas de responder emails a posibles clientes y seguir la estrategia comercial. 

Redactarlo personal y amable porque quiero cuidar la “gallina”. 

Hacerle seguimiento. 

 

Cuando más compleja la pregunta, más complejas las respuestas. No es un fórmula mágica, nada lo es, pero a mí me ayuda a tomar determinadas acciones.

 

Todo es cuestión de causa-efecto. Todo lo que hacemos tiene un efecto (a veces nos gusta más, otras menos) sólo que la falta de conocimiento hace que desconozcas porqué han ocurrido las cosas. 

 

Recuerda que emprender y tener propósito implica aprender a tomar decisiones desde una doble perspectiva: empresarial y personal. De la pata que esté más floja, es donde poner la atención, sin quitarla al otro.

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